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Un recorrido.
Seis mundos por descubrir.
Cruza la boca de la serpiente. Recorre la memoria ancestral, la selva viva y otras formas de percibir, antes de encontrarte con aquello que las amenaza.
La selva guarda vida y medicina. A través del arte y de las voces de quienes la protegen, este recorrido se acerca a las plantas maestras, los saberes ancestrales y los vínculos entre la sanación personal, comunitaria y de la Tierra.

Las primeras huellas en la oscuridad.
Un haz de luz ilumina la piedra tallada. De las sombras emergen figuras y animales: huellas de un vínculo con la selva que atraviesa generaciones. El mundo exterior queda atrás. Aquí, el viaje comienza con algo sencillo: detenerse a mirar.

Un encuentro alrededor del fuego.
Una olla resplandece en el centro de la sala. El vapor dibuja formas luminosas, como si la propia luz se estuviera cocinando. Es un encuentro con la medicina de la selva: plantas reconocidas como maestras y saberes transmitidos a través del cuidado. Alrededor del fuego, la historia nos acerca a la sanación de nuestros vínculos con nosotros mismos, con la comunidad y con la Tierra.

La selva te envuelve.
Las hojas desbordan el mural y las lianas cuelgan sobre ti. Cantos de aves, insectos y agua llenan el espacio; entre las ramas aparecen animales. La selva deja de ser un paisaje lejano: ahora te rodea. Quédate un momento en su abundancia. Recuerda lo que se siente estar aquí.

También eres parte de la historia.
La ayahuasca es una de las muchas plantas maestras que habitan esta historia: un mundo dentro de otro mundo. La luz violeta, el mural de ayahuasca y los ícaros grabados invitan a mirar hacia adentro, hacia la comunidad y hacia la Tierra viva. En la experiencia avanzada, tu silueta se integra a la luz en movimiento. Formas parte de una escena sobre conexión, transformación y la posibilidad de sanar.

¿Qué pasa cuando todo esto desaparece?
Los sonidos de la selva ceden ante la maquinaria. Barriles de petróleo, superficies dañadas e imágenes de extracción interrumpen el mundo que acabas de habitar. El contraste se siente de inmediato. Lo que estaba vivo y cerca ahora aparece herido. La pérdida deja de ser una idea lejana.

¿Qué vas a proteger?
Los espejos devuelven fragmentos de tu imagen. Sobre el suelo se mueve una luz que recuerda al agua, y el espacio invita a detenerse. Después de la selva, de sus voces y de sus heridas, la última imagen eres tú. Tras la última cortina, un pasaje luminoso te devuelve al mundo. ¿Qué te llevas de este viaje?

El recorrido termina.
El vínculo permanece.
Vuelve a la luz con la selva todavía presente.


Llevemos esta experiencia
al mundo.
Ayuda a que más personas sientan la belleza de la selva, escuchen a sus protectores y comprendan lo que está en juego.
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